Vida Franciscana

martes, 19 de julio de 2016

ORDENACIÓN EPISCOPAL DE FR NERI MENOR VARGAS EN HUANUCO






ORDENACIÓN EPISCOPAL DE FR. NERI MENOR VARGAS OFM.

Excmo. Mons. Fr. NERI MENOR VARGAS, OFM Obispo de Huánuco. Nació en 1960 en Pacopampa, Cajamarca, pronunció los votos solemnes en 1998 y fue ordenado sacerdote en 2000. Estudio Filosofía y Teología en el Instituto de Estudios Superiores Juan XXIII, de Lima. En su ministerio pastoral ha sido, entre otros: Guardián de la Fraternidad y párroco, definidor provincial, secretario para la formación y los estudios y maestro de los estudiantes franciscanos de Lima y Cusco. También se ha desempeñado como Vicario Foráneo, miembro del Consejo Presbiteral de la Arquidiócesis de Arequipa y actualmente se venía desempeñando como Ministro Provincial de la Provincia Franciscana de los XII Apóstoles del Perú.

Mons. Menor reemplaza en el cargo a Monseñor Jaime Rodríguez Salazar, MCCJ., cuya renuncia al gobierno pastoral de la diócesis fue aceptada por límite de edad.

“Te recomiendo que reavives el don de Dios que has recibido por la imposición de mis manos. Porque el Espíritu que Dios nos ha dado no es un espíritu de temor, sino de fortaleza, de amor y de sobriedad. No te avergüences del testimonio de nuestro Señor, ni tampoco de mí, que soy su prisionero. Al contrario, comparte conmigo los sufrimientos que es necesario padecer por el Evangelio, animado con la fortaleza de Dios” (II Tm 1,6-8). “Querido Timoteo, conserva el depósito que te ha sido confiado. Evita la impiedad de una vana palabrería y las objeciones de una pretendida ciencia, ya que por haberla profesado, algunos se han apartado de la fe. Que la gracia de Dios esté con ustedes” (ITm 6,20-21).

“El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha consagrado por la unción. Él me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres, a anunciar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, a dar la libertad a los oprimidos y proclamar el año de gracia del Señor” (Lc 4,18-19). Estas citas pueden muy bien resumir el sentir de nuestro hermano Fr. Neri Menor Vargas Ofm. En el día de su consagración como nuevo y flamante Obispo de la Diócesis de Huánuco.

En efecto, en la catedral de Huánuco, el día domingo 17 de julio de 2016 a horas 10,00 am, con la participación de más de 22 máximos representantes de la Iglesia Católica del Perú, entre arzobispos y obispos de Ayacucho, Lima, Huancayo, San Ramón, Trujillo, Chiclayo y otros. Además de sacerdotes, religiosos franciscanos y pueblo de Dios en general y en un ambiente festivo (muchos feligreses dentro y fuera de la iglesia Catedral de Huánuco), se desarrolló la ceremonia de ordenación de Monseñor Fray Neri Menor Vargas de la Orden de los Frailes Menores de la Provincia Franciscana de los XII Apóstoles como nuevo Obispo de la Diócesis de Huánuco.

Las principales autoridades políticas de la provincia, como también el Gobernador Regional se hicieron presentes durante esta ceremonia. Además de las autoridades eclesiásticas y sacerdotes de distintas partes del Perú, principalmente franciscanos de distintas congregaciones llegaron para la celebración.

Fray Neri Menor Vargas de 56 años de edad, cajamarquino de nacimiento, quien pronunció sus votos en 1998 y fue ordenado Sacerdote en el 2000. Agradeció las muestras de cariño por parte de la feligresía y se comprometió en trabajar para extender los valores de la fe a todos los rincones de Huánuco.

“Tenemos un gran compromiso con el apostolado, la evangelización y la oración, vamos a orar y trabajar juntos en el anuncio del evangelio”, fue parte de su primer discurso como nuevo Obispo de la Diócesis de Huánuco, además agradeció el apoyo permanente de su familia y los hermanos de su Orden. “Mi mamá nos enseñó a rezar, nos inculcó el amor a Jesús a mi y a mis hermanos, me motivó a seguir mi vocación como Franciscano”, señaló. De la misma manera, el Monseñor Jaime Rodríguez Salazar, agradeció el cariño de la gente y el apoyo brindado durante estos doce años al frente de la Diócesis. “Quiero pedir perdón a Dios y a quienes durante estos doce años he ofendido y si no alcancé las expectativas que tenían, no me olviden porque yo no olvidaré a Huánuco, los llevaré siempre en mi corazón”, dijo con la voz quebrada.

Con carteles en mano los miembros de las diferentes parroquias donde Fr Neri trabajo mostraron su alegría por tan importante designación de Fray Neri Menor Vargas como máxima autoridad de nuestra Diócesis. El alcalde provincial de Huánuco, Anibal Solorzano Ponce pidió hacer uso de la palabra para agradecer en primer lugar el trabajo del Obispo salientes, Monseñor Jaime Rodríguez Salazar y luego darle la bienvenida a Fray Neri Menor Vargas.

La Diócesis de Huánuco, actualmente tiene 986.470 habitantes, de los cuales 887.823 son católicos. Vienen laborando 54 sacerdotes, 80 religiosos y religiosas y 21 Diáconos permanentes. Rebaño del hoy nuestro Nuevo Pastor se encargara de pastorear.

"Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así lo has querido. Todo me ha sido dado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo sino el Padre, así como nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar” (Mt 11,25-27). “Pero por la gracia de Dios soy lo que soy” (I Cor 15,10). Citas con las cuales estamos seguros que nuestro Nuevo Obispo de Huánuco une su nuevo ministerio a la misión de nuestro salvador Jesucristo.


Estimado  y querido hermano Fr Neri Menor Vargas Ofm. Te saludamos cordialmente en este dia de tu consagración episcopal y te auguramos muchos éxitos en tu nueva misión y estaremos en oración mutua en la misión que la Iglesia nos encomienda. Son deseos sinceros de tus hermanos de la PROVINCIA FRANCISCANA DE LOS XII APÓSTOLES DEL PERU.

martes, 26 de agosto de 2014

85 años de reincorporación de Tacna al Perú




Estimados hermanos en el Señor, y este día muy especial para nuestra Región de Tacna que está cumpliendo 85 años de su reincorporación al Perú. Por tal motivo a comunidad franciscana del Convento San Antonio (Fr Dante, Fr Julio, Fr Nicolás, Fr Manuel), y todas sus instituciones tanto de la parroquia Espíritu Santo, Señor de los  Milagros, y el Colegio San Francisco se permite expresar a Uds. Y familia un saludo franciscano de Paz y Bien. Y eleva su vez una voz de oración a nuestro creador para que derrame muchas bendiciones a toda nuestra región de Tacna  en el que nace le Perú revestido de los colores rojo y blanco, colores que resumen su espíritu de servicio, trabajo y lucha por su visión y sueño fijada por sus grandes hombre que dieron su vida y pintaron de rojo el Perú, pero también de color blanco porque es un pueblo que tiene como misión vivir en paz en base a la práctica de valores que nos unen a los mismos sentimientos de Cristo Jesús (Flp 2,5).

Como es bien sabido que, en nuestra página de la historia del Perú nos topamos con la escena de la guerra del Pacífico en el que perdimos los territorios de Tacna, Arica y Tarapacá Y ESTO TRAEMOS A COLACION NO PARA ALIMENTAR RECENTIMIENTOS SINO PARA SABER AMAR Y AMARNOS UNOS A OTROS Y VIVIR POR SIEMPRE EN PAZ COMO EL SEÑOR NOS ENSEÑA (Jn 13,34). El tratado de Ancón estableció que Tacna y Arica podían ser recuperadas mediante un plebiscito. En tal virtud luego de negociaciones, Tacna es reincorporada al seno de la patria gracias a la indesmayable resistencia del pueblo tacneño.

Tacna como se sabe fue ocupada por el ejército chileno después de la batalla del Alto de la Alianza hecho sucedido el 27 de mayo de 1880. Con el Tratado de Ancón firmado el 20 de octubre de 1883, se ordenó que Tacna al igual que Arica, queden en poder absoluto de Chile por diez años. Asimismo una vez cumplida la década debía realizarse un plebiscito que definiera el destino de ambas provincias peruanas en manos del país sureño.

Es así que Chile hizo pasar mucho más de 10 años para que se evite realizar el plebiscito. Lo cual se pudo realizar luego de 49 años de ocupación. Para recuperar estos territorios, el Perú inicio negociaciones que dieron como resultado, someter este problema al arbitraje del Presidente de los Estados Unidos y por representantes de EE.UU, Perú y Chile. Fué en 1928 que durante el gobierno de Leguía que se reiniciaron las negociaciones y que después de muchas y complejas negociaciones que al final se logró la firma el día 3 de junio de 1929 del Tratado Rada Gamio-Figueroa Larraín, también llamado Tratado de Lima donde el gobierno de Perú tuvo que renunciar a la provincia de Arica, pero recuperando la provincia de Tacna de 8.678 km² al Perú, mientras que la provincia de Arica de 15.351 km² queda en poder del país chileno. Dicho acto histórico de reincorporación se realizó y cumplió el miércoles 28 de agosto de 1929.

El día 28 de agosto de 1929, la ciudad de Tacna amanece embanderada y en las calles se reúnen todos los pobladores que conforman la provincia de Tacna: Sama, Locumba, Calana, Pachia, Ilabaya, Candarave y Tarata. Luego se concentran en la Plaza de Armas y en el Pasaje Vigil, llevando escarapelas y cintas rojiblancas. Los delegados del Perú y Chile se reúnen en la casa donde funcionaba la Comisión Jurídica que iba a realizar el plebiscito en 1926. Es a las 2 de la Tarde que se reúnen en la Casa Jurídica, los delegados peruanos, Pedro José Rada y Gamio, General José Ramón Pizarro, Arturo Núñez Chávez, Ángel Gustavo Cornejo y Monseñor Mariano Holguín con los delegados de Chile, Gonzalo Robles y Alberto Serrano, quienes firman el "Acta de Entrega de Tacna".

Luego jubilosos todos los tacneños presentes en la Plaza de Armas al no encontrar el asta, para izar el pabellón nacional en la prefectura, el joven tacneño Edgar Empson iza la bandera  en la torre izquierda de la Catedral de Tacna. Luego, la banda de los Húsares de Junín procede a tocar el Himno Nacional del Perú, para luego el Monseñor Holguin emitir su discurso acompañado del repique de campanas. Para luego continuar con el desfile e los Húsares de Junín, la Guardia Junín y las Fuerzas policiales. A las 5 de la tarde se toma juramento al nuevo alcalde de Tacna el Señor Armando Vargas Blondell, donde también juramenta el presidente de la Corte de Justicia: Carlos A. Téllez y el prefecto Federico Fernandini Muñoz. Este glorioso día culmina con una comida entre los delegados y las nuevas y flamantes autoridades tacneñas. Recordemos que en la última semana del mes de agosto se celebra la fiesta de Tacna, el día 27 es la Ofrenda de la Juventud y el día 28 el Homenaje a la Mujer Tacneña y la Procesión de la Bandera

Es por todos estos hechos que gracias a la heroicidad de sus pobladores nuestra bandera flamea libre, orgullosa y triunfante gracias a que su pueblo soportó medio siglo de cautiverio sin quebrarse ante la ocupación del vecino país del sur. Esta es la verdad de nuestra historia de si lo valoramos  y enseñamos a nuestros hijos, ellos también sabrán dar su cooperación en aras de forjar siempre una sola nación que es el Perú y eso será Posible si escuchamos a nuestro Divino y Súper maestro: “Que todos sean uno como tú, Padre, estás en mí y yo en ti. Que ellos también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado” (Jn 17,21). ¡VIVA TACNA! ¡VIVA EL PERÙ!  Y PAZ Y BIEN.



gifanimado.org

miércoles, 23 de julio de 2014

AVISO NECROLOGICO




Apreciada Familia de la Provincia franciscana de los Apóstoles del Perú

Presente:

La Fraternidad de San Antonio de Tacna: 

Fr Dante, Fr Julio, Fr Nicolás,  y Fr Manuel, tienen la penosa noticia que comunicarles: El sensible fallecimiento de nuestro Hermano:

Fr Abraham Espino Ríos Ofm  acaecido hoy, martes 22 del Presente mes, mes de la patria en el Convento de San Antonio de Tacna a horas 13,20.

 Como fraternidad, sentimos una enorme pena en nuestros corazones debido a la partida de Nuestro hermanos Abraham Espino. Tal vez son pocas las oportunidades en las que nos ponemos a pensar que no estaremos en este mundo para siempre y que en algún momento tendremos que partir, por eso cuando nos deja un ser querido como es Fr. Abraham nos invade una gran tristeza porque ya no le volveremos a ver en este mundo, sin embargo nos llena de un gran consuelo el saber que la muerte es solo un paso más, que no es el final, que aquella persona se encuentra en otra dimensión, donde ya no hay dolor ni enfermedad, donde desaparecen las preocupaciones de este mundo y que en algún momento también llegará nuestro turno de partir y entonces nos volveremos de nuevo a ver. Constructo racional y de fe que nos permite decirle:

Querido y estimado Abraham Espino Ríos Ofm, habías venido al mundo un 16 de marzo del año 1927, en la ciudad de Pisco, Ica. De padres: Sr Abraham Espino y Sra Manuela Ríos. Entraste al convento el 1° de marzo del año 1968. Consagraste tu vida al servicio de Dios haciendo tu primera profesión de voto temporal el 02 de Marzo de 1969 y te consagraste como fraile menor para siempre haciendo tu profesión solemne el día 27 de Noviembre del año 2001. Hoy, martes 22 del presente a horas 13,20 en nuestro convento san Antonio Tacna dejas este mundo. Hasta hoy nos acompañaste con un testimonio de vida como muchos santos sin hacer muchas cosas ruidosas pero una vida de simplicidad y humildad como buen hermano menor y nos dejas para nunca más volver regalarnos una sonrisa más.  Siempre recordaremos tus pasitos muy seguros, pero especialmente por tu fe y devoción a la virgen del Milagro y a la Santa Eucaristía.

Querido hermano Abraham, ya te extrañamos pero nuestro consuelo es el saber que desde la eternidad estarás velando por el bienestar de Tus hermanos que quedamos en el mundo para seguir con la sagrada misión de seguir anunciando el Evangelio. Seguro que hubieras querido decirnos muchas cosas en tu despedida, pero tu semblante nos expresa lo que un día, nuestro padre San Francisco nos dejó estas palabras de consolación: “Yo he cumplido mi tarea, el Señor les enseñe lo que a ustedes les toca hacer” (II Cel 214).

Oh Señor, ahora comprendemos mejor lo que nos dijiste: “Ustedes también estén preparados, porque el Hijo del hombre vendrá a la hora menos pensada” (Mt 24,44). Y lo que San Pablo también ya nos había dicho: “Nada trajimos cuando vinimos al mundo, y al irnos, nada podremos llevar” (I Tm 6,7). Y  “ninguno de nosotros vive para sí, ni tampoco muere para sí. Si vivimos, vivimos para el Señor, y si morimos, morimos para el Señor: tanto en la vida como en la muerte, pertenecemos al Señor. Porque Cristo murió y volvió a la vida para ser Señor de los vivos y de los muertos” (Rm 14,7-9).

Señor, tu nos has dicho “Yo soy la Resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás” (Jn 11,25-26). Te pedimos de tu infinita misericordia que acojas en tu reino a nuestro hermano Abraham Espino Ríos y si por su condición humana tuvo algún pecado en este mundo Perdónale y santifícale para que goce en tu mansión celestial.
Amen.

sábado, 5 de julio de 2014

NUEVOS MINISTROS PARA LA VIÑA DEL SEÑOR

PROVINCIA FRANCISCANA DE LOS XII APÓSTOLES DEL PERÚ


FELICITAMOS A NUESTROS HERMANOS QUE EL DÍA DOMINGO 29 DE JUNIO SE ORDENARON COMO NUEVOS MINISTROS EN LA CIUDAD DE LIMA, PERÚ:

A) Ordenación diaconal: "Señor, tú que conoces los corazones de todos, muéstranos a cuál de estos hijos elegiste para desempeñar el ministerio de diaconado” (Hch 1,24):

Fray Edwin Chambi Colquehuanca OFM.

Fray Wilfredo Achahuanco Mamani OFM.

 B) Ordenación sacerdotal: “Tú eres sacerdote para siempre, según el rito de Melquisedec” (Heb 5,6):

Fray Eduardo Herrera Camizan OFM.

 Fray Javier Mamani Quispe OFM.

Pedro le dijo a Jesús: "Tú sabes que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido". Jesús respondió: "Les aseguro que el que haya dejado casa, hermanos y hermanas, madre y padre, hijos o campos por mí y por el Evangelio, en este mundo, recibirá el ciento por uno en casas, hermanos y hermanas, madres, hijos y campos, en medio de las persecuciones; y en el mundo futuro recibirá la Vida eterna” (Mc 12,28-30). Muchos saludos desde Tacna para c/u de Uds.


EL EVANGELIO QUE INSPIRÓ A FRANCISCO SEGUIR A JESÚS SIN NADA PROPIO:

A los Doce, Jesús los envió con las siguientes instrucciones: "No vayan a regiones paganas, ni entren en ninguna ciudad de los samaritanos. Vayan, en cambio, a las ovejas perdidas del pueblo de Israel. Por el camino, proclamen que el Reino de los Cielos está cerca. Curen a los enfermos, resuciten a los muertos, purifiquen a los leprosos, expulsen a los demonios. Ustedes han recibido gratuitamente, den también gratuitamente. No lleven encima oro ni plata, ni monedas, ni provisiones para el camino, ni dos túnicas, ni calzado, ni bastón; porque el que trabaja merece su sustento. Cuando entren en una ciudad o en un pueblo, busquen a alguna persona respetable y permanezcan en su casa hasta el momento de partir. Al entrar en la casa, salúdenla invocando la paz sobre ellas. Si esa casa lo merece, que la paz descienda sobre ella; pero si es indigna, que esa paz vuelva a ustedes. Y si no los reciben ni quieren escuchar sus palabras, al irse de esa casa o de esa ciudad, sacudan hasta el polvo de sus pies. Les aseguro que, en el día del Juicio, Sodoma y Gomorra serán tratadas menos rigurosamente que esa ciudad. Les envío como cordero en medio de lobos” (Mt 10,5-16)


El 24 de Febrero del año 1209 en Porciúncula se leía en la iglesia el evangelio que narra cómo el Señor había enviado a sus discípulos a predicar; presente allí el santo de Dios, no comprendió perfectamente las palabras evangélicas; terminada la misa, pidió humildemente al sacerdote que le explicase el evangelio. Como el sacerdote le fuese explicando todo ordenadamente, al oír Francisco que los discípulos de Cristo no debían poseer ni oro, ni plata, ni dinero; ni llevar para el camino alforja, ni bolsa, ni pan, ni bastón; ni tener calzado, ni dos túnicas, sino predicar el reino de Dios y la penitencia (40), al instante, saltando de gozo, lleno del Espíritu del Señor, exclamó: «Esto es lo que yo quiero, esto es lo que yo busco, esto es lo que en lo más íntimo del corazón anhelo poner en práctica». Rebosando de alegría, se apresura inmediatamente el santo Padre a cumplir la doctrina saludable que acaba de escuchar; no admite dilación alguna en comenzar a cumplir con devoción lo que ha oído. Al punto desata el calzado de sus pies, echa por tierra el bastón y, gozoso con una túnica, se pone una cuerda en lugar de la correa. Desde este momento se prepara una túnica en forma de cruz para expulsar todas las ilusiones diabólicas; se la prepara muy áspera, para crucificar la carne con sus vicios y pecados; se la prepara, en fin, pobrísima y burda, tal que el mundo nunca pueda ambicionarla. Todo lo demás que había escuchado se esfuerza en realizarlo con la mayor diligencia y con suma reverencia. Pues nunca fue oyente sordo del Evangelio sino que, confiando a su feliz memoria cuanto oía, procuraba cumplirlo a la letra sin tardanza. (ICel 9,22).

sábado, 21 de junio de 2014

SOLEMNIDAD DEL CUERPO Y SANGRE DEL SEÑOR



DOMINGO DEL CUERPO Y SANGRE DE CRISTO - A (22 de Junio del 2014)

Proclamación del Evangelio según San Juan 651-58:

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo". Los judíos discutían entre sí: "¿Cómo este hombre puede darnos a comer su carne?" Jesús les respondió: "Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán Vida en ustedes. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día. Porque mi carne es la verdadera comida y mi sangre, la verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él. Así como yo, que he sido enviado por el Padre que tiene Vida, vivo por el Padre, de la misma manera, el que me come vivirá por mí. Este es el pan bajado del cielo; no como el que comieron sus padres y murieron. El que coma de este pan vivirá eternamente". PALABRA DEL SEÑOR.

REFLEXION:

Estimados amigos(as) en el señor Paz y Bien.

Recuerdan Uds. aquella escena en que Juan muy bien lo define: “La palabra de Dios se hizo carme” (Jn 1,14).  Y Cuando Jesús nació y los reyes venidos del medio oriente preguntaron “Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo. Herodes y todo Jerusalén al oír esta noticia se alborotó” ( Mt 2,2-3). U Otro episodio cuando mismo Jesús dijo: “He bajado del cielo no para hacer mi voluntad” (Jn 6,38). Todos quedaron escandalizados y dijeron: “pero si conocemos a la mamá, al papá, si este es Jesús! Entonces qué está hablando este” (Mt 13,55). Hoy nos encontramos con otra resistencia. Cuando Jesús dijo “Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo” (Jn 6,51). Inmediatamente la gente se pregunta: “¿Cómo puede éste hombre darnos a comer su carne?” (Jn 6,52). La gente no entendió aquella palabra que el Ángel dijo a Marìa: “Nada es imposible para Dios” (Lc 1,37)

Jesús mismo nos ha dicho: “Todo es posible para Dios” (Mt 19,26). Y así un día convirtió el agua en vino: Jesús dijo a los sirvientes: "Llenen de agua estas tinajas". Y las llenaron hasta el borde. "Saquen ahora, agregó Jesús, y lleven al encargado del banquete". Así lo hicieron. El encargado probó el agua cambiada en vino y como ignoraba su origen, aunque lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua, llamó al esposo y le dijo: "Siempre se sirve primero el buen vino y cuando todos han bebido bien, se trae el de inferior calidad. Tú, en cambio, has guardado el buen vino hasta este momento". Este fue el primero de los signos de Jesús, y lo hizo en Caná de Galilea. Así manifestó su gloria, y sus discípulos creyeron en él. (Jn 27-11). Así pues, la omnipotencia de Dios hizo posible que su Palabra se hiciera carne, que esa Palabra que es su Hijo, tiene el poder de convertir el agua en vino, hoy convierte ante nuestros ojos el Pan en su cuerpo y el vino en su sangre al decir: "Tomen y coman que esto es mi Cuerpo". Después tomó una copa, dio gracias y se la entregó, diciendo: "Tomen y beban todos de él, porque esta es mi Sangre, la Sangre de la Alianza que será derramada por Uds para el perdón de los pecados, y hagan esto en conmemoración mía” (Mt 26,26-29). Pero el evangelio de este domingo en la fiesta del corpus Christi es tomado según San Juan que tiene los siguientes detalles.

El evangelio de este domingo (Jn 6,51-58) contiene siete afirmaciones de invitación a COMER. ¿Què significa comer? significa asimilar, significa saber decir el Amén eucarístico, significa hacer verdaderamente la comunión. No un Jesús al cual contemplamos a distancia. Un Jesús al cual ahora nosotros encarnamos. Con quien nosotros nos hacemos una sola cosa. Pero ni una sola afirmación comer se repite al pie de la letra. Siempre hay una variante, siempre hay una nueva luz, siempre se abre una nueva ventana para que comprendamos la profundidad del misterio de la comunión:

La primera es una afirmación que comienza en negativo, en condicional. “Si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán vida en Uds” (Jn 6,53).

La segunda, por el contrario es positiva: “El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna y yo lo resucitaré en el último día” (Jn 6,54).

Enseguida en la tercera vuelve a insistir: “Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida”(Jn 6,55).

La cuarta afirmación vuelve sobre el mismo concepto con una proposición bellísima que habla ahora de la alianza. “El que come mi carne y bebe mi sangre vive en mi y yo en él”(Jn 6,56).

La quinta se basa en una comparación: “Así como el Padre que me ha enviado posee la vida y yo vivo por Él, así también el que me coma vivirá por mi”(Jn 6,57). La naturaleza de la alianza entre el discípulo y el Maestro viene de la comunión del Padre y del Hijo porque comulgar es hacer viva alianza con Cristo y en Él con la Trinidad.

La sexta afirmación es otra afirmación impositiva, muy bonita. Jesús dice lo que ocurre enseguida: “Este es el pan que ha bajado del cielo, no como el pan que comieron vuestros antepasados,  ellos murieron”(Jn 6,58).

Séptima afirmación, la última, la más vibrante, termina haciendo una distinción del pan material y el pan de la vida eterna: “Ellos murieron al comer el mana, pero, “el que coma de este pan vivirá para siempre”(Jn 6,51).

Como ya hemos dicho, las siete afirmaciones repiten una sola idea. Jesús es el verdadero pan, el pan que da la vida, la vida eterna, vivimos de Él. Cada vez que comulgamos nosotros estamos invitados a asimilar el pan; Cristo. Usted no puede decir que desayunó simplemente colocando el pan sobre la mesa, mirándolo un par de minutos y pensando que ya desayunó. No Usted tiene que coger el pancito y tiene que comerlo. Pues bien, esa analogía explica la comunión. A Jesús hay que comerlo. ¿Qué quiere decir eso? No basta únicamente con mirarlo y mirarla. Hay que encarnarlo. Y lo que nosotros encarnamos, asimilamos, lo hacemos una sola cosa con nosotros. No podemos comulgar en la Eucaristía y regresar a la casa egoístas. No puede ser. Cuando comulgamos hacemos alianza con Cristo, nos hacemos uno con Él: ‘Él en mí y yo en Él’. Con razón dice San Pablo: “Vivo yo, pero no soy yo el que vive, es Cristo quien vive en mi” (Gal 2,20).

En definitiva, Jesús quiere subrayarnos que el hombre: nosotros, ustedes y yo, estamos llamados a alimentarnos del Verbo hecho carne, alimentarnos de Él como Palabra en la que hay que creer, como ejemplo que hay que seguir, como víctima propiciatoria a la que hay que adherirse. Adherirse místicamente, profundamente en un acto sacramental. En términos más sencillos y más pobres, Jesús es la vida del hombre. El hombre está hecho para vivir en, con, por, e inclusive de Jesús. Vivir de Él mediante la fe que escucha su Palabra. Que le recibe como un Hijo de Dios, que cree que Él es el Hijo de Dios encarnado, el Hijo de Dios que ha dado su vida por mí. Comulgar es encarnar el sentido de la muerte y resurrección de Cristo, el acto salvífico por excelencia. Es traer a mí todo el poder y la fuerza de la cruz y hacerme uno con el crucificado mediante la comunión misteriosa con su sacrificio, su muerte, su cuerpo y su sangre benditos, entregados por nosotros en la cruz. Nosotros estamos destinados a vivir de Jesús. A encontrar en Cristo la plenitud de nosotros mismos y a realizar su destino en la comunión y en la identificación con Él. Comulgamos con sus opciones, con sus actitudes, con sus comportamientos, con todo el evangelio. Y comulgamos con la mayor de todas sus opciones, la de dar la vida por los demás.


Dios es amor (IJn 4,8) y en el domingo anterior se nos ha dicho: “Tanto amó Dios al mundo que envió a su Hijo único, para todo el que cree en Él tenga vida eterna” (Jn 3,16).  Jesús mismo nos ha dicho: “Si alguien me ama, guardará mis palabras y mi padre lo amara y vendremos y haremos morada en el èl” (Jn 14,23). Por eso, pienso que fue la mejor definición que dio de sí el Hijo al decirnos: “Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo, quien come de este pan vivirá para siempre” (Jn 6,51). Al menos en su relación con nosotros es Jesús quien se dona en la Eucaristía. Convertirse en pan sin necesidad de panaderos porque de ello hace el Espíritu santo y darse a comer como pan y carne. Todo ello, ¿qué significa sino que Jesús no vive para sí sino que vive para que todos tengamos vida eterna. Pero pensar que Dios se hace pan y se hace carne para que podamos comerlo, realmente es todo un exceso de amor y de entrega. El pan no sirve para nada si no es para que lo comamos. El pan no es para sí mismo ni para guardarlo. El pan es siempre para los otros. La carne no es para sí misma, es para que otros puedan alimentarse.

Los judíos que escuchaban a Jesús se escandalizaron y disputaban entre sí: ¿Cómo puede éste darnos a comer su carne? (Jn 6,52). Dios siempre ha sido escandaloso para los hombres porque es tan creativo que hace cosas que ni se nos ocurre pensarlas. Esa es la Eucaristía. Algo tan sencillo como es comulgar y algo tan misterioso que es comernos a Dios entero. Algo tan misterioso que Dios en su loco amor por nosotros se hace vida en nuestra vida. Por eso, no cabe duda que, la Eucaristía es uno de los mayores milagros del amor de Dios. Por tanto, debiera ser también una de las experiencias más maravillosas de los hombres. Sin embargo, uno siente cierta sensación de insatisfacción. ¿No la habremos devaluado demasiado? Y no porque no comulguemos, sino porque es posible que no le demos el verdadero sentido a la Comunión que es comunión con el mismo Hijo que nació de las entrañas de María la virgen y con el mismo Jesús crucificado y resucitado. Es comunión con el pan glorificado.

Dios buscó el camino fácil y lo más sencillo posible para nuestro encuentro. Y a nosotros pareciera que lo fácil no nos va, como que preferimos lo complicado y difícil. Una de las maneras de deformar la Eucaristía es no vivir lo que en realidad significa. En la segunda lectura, Pablo nos dice: “El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque comemos todos del mismo pan.” Somos muchos y somos diferentes. Somos muchos y pensamos distinto. Sin embargo, todos juntos formamos un solo cuerpo, una sola comunidad, una sola Iglesia, una sola familia. ¿Por qué? Sencillamente porque “todos comemos del mismo pan”. Por tanto, comulgar significa unidad, sentirnos un mismo cuerpo, una misma familia. De modo que no podemos comulgar “del mismo pan” y salir luego de la Iglesia tan divididos como entramos.

No olvidemos que la Eucaristía es mucho más que un acto piadoso individualista, es el Sacramento de la Iglesia. Es el Sacramento del amor de Dios que nos ama a todos. Es el Sacramento de la unidad, donde por encima de nuestras diferencias, todos nos sentimos miembros de un mismo cuerpo que es Jesús, que es la Iglesia. Por eso San Pablo nos habla desde su experiencia. Las primeras divisiones en la Iglesia nacieron de la celebración de la Eucaristía. Todos participaban en la misma celebración, pero mientras unos comían bien, los otros pasaban hambre. Pablo les dice enérgicamente: “Esto no es celebrar la Cena del Señor”. No se puede comulgar a Cristo si a la vez no comulgo con mi hermano. No se puede recibir el pan de la unidad, si vivimos divididos. Por eso decimos que “la Iglesia hace la Eucaristía y la Eucaristía hace a la Iglesia”. “Aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque todos comemos del mismo pan.” El fruto de nuestras Eucaristías tendría que ser “la espiritualidad de unidad y de la comunión fraterna”.

Por lo que significa esta unión con Dios en la sagrada comunión, hay requisitos que cumplir, por eso cualquiera no comulga sino el que está en gracia de Dios. Así es como lo describe San Pablo: “Lo que yo recibí del Señor, y a mi vez les he transmitido, es lo siguiente: El Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó el pan, dio gracias, lo partió y dijo: "Esto es mi Cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía". De la misma manera, después de cenar, tomó la copa, diciendo: "Esta copa es la Nueva Alianza  que se sella con mi Sangre. Siempre que la beban, háganlo en memoria mía". Y así, siempre que coman este pan y beban esta copa, proclamarán la muerte del Señor hasta que él vuelva. Por eso, el que coma el pan o beba la copa del Señor indignamente tendrá que dar cuenta del Cuerpo y de la Sangre del Señor. Que cada uno se examine a sí mismo antes de comer este pan y beber esta copa; porque si come y bebe sin discernir el Cuerpo del Señor, come y bebe su propia condenación” (I Cor 11,23-29).  También hay citas que diversas que resalta la importancia de la Eucaristía: Éxodo 24, 8; Jeremías 31, 31;  Matero 26, 28;  Marcos 14, 24;  Lucas 22, 20; 2 Corintios 3, 6;  Hebreos 8, 8;  Hebreos 10, 29.

sábado, 7 de junio de 2014

FELIZ FIESTA PARROQUIA ESPÍRITU SANTO

La fraternidad de Hermanos Menores: Fr, Dante (Párroco), Fr, Julio, Fr, Manuel, Fr, Nicolas y Fr, Abraham se complacen en compartir con todos sus fieles la alegría de celebrar su fiesta patronal como PARROQUIA DEL ESPÍRITU SANTO con un saludo franciscano de Paz y Bien


DOMINGO DE PENTECOSTÉS

Proclamación del Evangelio según San Juan 20,19-23:

Al atardecer de ese mismo día, el primero de la semana, estando cerradas las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, por temor a los judíos, llegó Jesús y poniéndose en medio de ellos, les dijo: "¡La paz esté con ustedes!" Mientras decía esto, les mostró sus manos y su costado. Los discípulos se llenaron de alegría cuando vieron al Señor.

Jesús les dijo de nuevo: "¡La paz esté con ustedes! Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes". Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió: "Reciban el Espíritu Santo.Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen, y serán retenidos a los que ustedes se los retengan". PALABRA DEL SEÑOR.

REFLEXIÓN:

Estimados amigos(as) en el Señor que derramó su Espíritu Paz y Bien.

En el domingo anterior en su ascensión el Señor nos dejó todo un programa de tarea que cumplir: "He recibido todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo" (Mt 28,18-20). Fíjense que reiteró cuatro veces el adjetivo TODO: que todo poder se me dio, que todos los pueblos seas mis discípulos, que enseñen a cumplir todo lo que les encargo, que yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo. Anterior a este encargo ya nos dijo: “Si ustedes me aman, cumplirán mis mandamientos. Y yo rogaré al Padre, y él les dará otro Paráclito para que esté siempre con ustedes: el Espíritu de la Verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no lo ve ni lo conoce. Ustedes, en cambio, lo conocen, porque él permanece con ustedes y estará en ustedes” (Jn 14,15-17). Para cumplir con esta ardua tarea cual es anunciar el Evangelio y hacer que todos sean consagrados al Señor por el bautismo, y nos ha prometido estar con nosotros y lo hará por el don de su Espíritu que el Padre enviará en su nombre. Esta efusión de su Espíritu es lo que hoy celebramos en la fiesta de Pentecostés.

La solemnidad de Pentecostés, fiesta del Espíritu Santo que hoy celebramos tiene connotaciones muy particulares en el relato de los hechos de los apóstoles (Hch 2,1-11). Un relato lleno de simbolismo y que expresa más gráficamente la misión del Espíritu Santo en la Iglesia, por el que en nuestra reflexión tomamos como punto central de referencia para entender mejor el evangelio de Jn 20,19-23.

En primer lugar, el simbolismo de las lenguas de fuego: “Al llegar el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo lugar. De pronto, vino del cielo un ruido, semejante a una fuerte ráfaga de viento, que resonó en toda la casa donde se encontraban. Entonces vieron aparecer unas lenguas como de fuego, que descendieron por separado sobre cada uno de ellos” (Hch 2,2-3). Como se ve, el Espíritu está en el simbolismo del fuego. El Espíritu Santo es como el fuego. Y quién no sabes cuáles son los efectos del fuego. El fuego quema, es calor. El fuego es también energía y fuerza que transforma o purifica todo. Es el fuego también destruye todo a su paso. Este poder del Espíritu santo es la que se derrama en los sacramentos, haciendo del nefito un soldado de Cristo.

Juan Bautista dice a los judíos: “Yo los bautizo con agua para que se conviertan; pero aquel que viene detrás de mí es más poderoso que yo, y yo ni siquiera soy digno de quitarle las sandalias. Él los bautizará en el Espíritu Santo y en el fuego. Tiene en su mano la horquilla y limpiará su era: recogerá su trigo en el granero y quemará la paja en un fuego inextinguible" (Mt 3,11-12). En el bautismo se nos da el don del Espíritu y en su plenitud en el sacramento de la confirmación, sacramentos que hacen de quien lo recibe hombre nuevo: “Todos ustedes, por la fe, son hijos de Dios en Cristo Jesús, ya que todos ustedes, que fueron bautizados en Cristo, han sido revestidos de Cristo. Por lo tanto, ya no hay judío ni pagano, esclavo ni hombre libre, varón ni mujer, porque todos ustedes no son más que uno en Cristo Jesús. Y si ustedes pertenecen a Cristo, entonces son descendientes de Abraham, herederos en virtud de la promesa” (Gal 3,26-29).

Esa fuerza del Espíritu como la del fuego tiene aún mayores connotaciones en los sacramentos. Y así, el fuego del amor, destruye todo lo que nos impide amar de verdad. Destruye y quema todo aquello que nos impide crecer y madurar. Destruye y quema los egoísmos, los orgullos, las ansias de poder. Con frecuencia necesitamos quemar la maleza de los campos y también la maleza de nuestros corazones. El fuego da calor y tiende a expandirse. Pues el Espíritu Santo es el fuego que nos da fuerza interior para afrontar las dificultades, los problemas y ser capaces de ver lo imposible como posible.

En segundo lugar, el efecto tan radical que se lleva a cabo en los mismos discípulos que ahora aparecen totalmente desconocidos: “Todos quedaron llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en distintas lenguas, según el Espíritu les permitía expresarse… Con gran admiración y estupor decían: "¿Acaso estos hombres que hablan no son todos galileos?” (Hch 2,4.7). Ahora el fuego suscita nueva fuerza, esa fuerza es el nuevo lenguaje universal de la Iglesia que es amor en el que todos nos entenderemos como hijos de un solo Padre, porque lo somos.

Jesús esta en este ámbito del poder del espíritu santo, por eso es capaz de perdonar a sus enemigos porque los ama (Lc 23,34). Por eso nos ha reiterado tantas veces “Ámense unos a otros como les he amado” (Jn 13,34). Y cuando un buen día preguntan a Jesús: "Maestro, ¿cuál es el mandamiento más grande de la Ley?" Jesús le respondió: "Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu espíritu. Este es el más grande y el primer mandamiento. El segundo es semejante al primero: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos dependen toda la Ley y los Profetas" (Mt 22,36-40).

En tercer lugar, la universalidad de la Iglesia por el Evangelio que es Cristo Jesús: “Había en Jerusalén judíos piadosos, venidos de todas las naciones del mundo. Al oírse este ruido, se congregó la multitud y se llenó de asombro, porque cada uno los oía hablar en su propia lengua” (Hch 2,5.6). Dios se propuso hacer de la humanidad una sola familia y lo dice por el Profeta: “Yo los sacaré de entre las naciones, los reuniré de entre todos los países y los llevaré a su propio nación. Los rociaré con agua pura, y ustedes quedarán purificados. Los purificaré de todas sus impurezas y de todos sus ídolos. Les daré un corazón nuevo y pondré en ustedes un espíritu nuevo: les arrancaré de su cuerpo el corazón de piedra y les daré un corazón de carne. Infundiré mi espíritu en ustedes y haré que sigan mis preceptos, y que observen y practiquen mis leyes. Ustedes habitarán en la tierra que yo he dado a sus padres. Ustedes serán mi Pueblo y yo seré su Dios” (Ez 36,24-28). Y mismo Jesús nos había reiterado en el domingo anterior: “Vayan, entonces, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y yo estoy con ustedes hasta el fin del mundo" (Mt 28,19-20). En este principio es como se fundamenta nuestra Iglesia Universal, la Iglesia Católica. Pues, recordemos que Jesús mismo dijo a Pedro: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no prevalecerá contra ella. Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos. Todo lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y todo lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo" (Mt 16,18).

En cuarto lugar, una de las funciones más importantes del Espíritu Santo: la unidad en la diversidad: “Partos, medos y elamitas, los que habitamos en la Mesopotamia o en la misma Judea, en Capadocia, en el Ponto y en Asia Menor, en Frigia y Panfilia, en Egipto, en la Libia Cirenaica, los peregrinos de Roma, judíos y prosélitos, cretenses y árabes, todos los oímos proclamar en nuestras lenguas las maravillas de Dios" (Hch 2,9-11).

¿Cómo entender esta unidad en la diversidad gracias al don del Espíritu? San Pablo haciendo a los dones del espíritu nos sustenta en qué consiste la unidad en la diversidad, característica especial de nuestra Iglesia: “Con relación a los dones espirituales, no quiero, hermanos, que ustedes vivan en la ignorancia. Ustedes saben que cuando todavía eran paganos, se dejaban arrastrar ciegamente al culto de dioses inanimados. Por eso les aseguro que nadie, movido por el Espíritu de Dios, puede decir: “Jesús es el Señor", si no está impulsado por el Espíritu Santo. Ciertamente, hay diversidad de dones, pero todos proceden del mismo Espíritu. Hay diversidad de ministerios, pero un solo Señor… En cada uno, el Espíritu se manifiesta para el bien común. El Espíritu da a uno la sabiduría para hablar; a otro, la ciencia para enseñar, según el mismo Espíritu; a otro, la fe, también en el mismo Espíritu. A este se le da el don de curar, siempre en ese único Espíritu; a aquel, el don de hacer milagros; a uno, el don de profecía; a otro, el don de juzgar sobre el valor de los dones del Espíritu; a este, el don de lenguas; a aquel, el don de interpretarlas. Pero en todo esto, es el mismo y único Espíritu el que actúa, distribuyendo sus dones a cada uno en particular como él quiere” (I Cor 12,1-11).

En el misterio de la Cruz brotó del corazón de Cristo la Iglesia: “Los soldados fueron y quebraron las piernas a los dos que habían sido crucificados con Jesús. Cuando llegaron a él, al ver que ya estaba muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados le atravesó el costado con la lanza, y en seguida brotó sangre y agua. El que vio esto lo atestigua: su testimonio es verdadero y él sabe que dice la verdad, para que también ustedes crean” (Jn 19,32-35). A este misterio de la sangre y agua que es el la materia del sacramento del bautismo es como se une la forma del bautismo cuando nos dice mismo Jesús: Reciban el Espíritu Santo” (Jn 20,22).

En el misterio de la Ascensión Jesús envía a la Iglesia: “Vayan y hagan que todos los pueblos sea mis discípulos bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo y sepan que yo estoy con ustedes todos los días hasta el fin del mundo” (Jn 20,19). Jesús nos acompaña en la misión por su espíritu y de modo especial en la sagrada Eucaristía y al respecto nos lo reitera San Pablo: “La copa de bendición que bendecimos, ¿no es acaso comunión con la Sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión con el Cuerpo de Cristo?  (Mt 26, 26-28; Mc 14, 22-24;  Lc 22, 19-20) Ya que hay un solo pan (de muchos trigos), todos nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo Cuerpo, porque participamos de ese único pan que es Cristo” (I Cor 10,16-17). Y la función del Espíritu Santo es como el fuego que convierte la masa de harina en pan, en la santa Misa es el mismo espíritu quien convierte el hostia en pan, Cuerpo glorificado del Señor.

En Pentecostés, la Iglesia hace su primera presentación o estreno “hace su presentación en la sociedad”. Por eso, en la primera oración de la Misa, le pedimos: “Oh Dios, que por el misterio de Pentecostés santificas a tu Iglesia, extendida por todas las naciones, derrama los dones de tu Espíritu sobre todos los confines de la tierra y no dejes de realizar hoy, en el corazón de tus fieles, aquellas mismas maravillas que obraste en los comienzos de la predicación evangélica.”

 A manera de conclusión: ¿Quién es ese Dios en quién creemos? En el credo de nuestra Fe católica profesamos y decimos: Creo en el Padre, creo en el Hijo y creo en el Espíritu Santo. El Espíritu Santo, es la tercera Divina Persona de la Santísima Trinidad. No son tres dioses, sino un único Dios que se revela de tres modos distintos: En el Padre como creador, en el Hijo como Redentor, el Espíritu Santo el que santifica (Concilio de Nicea 325, Constantinopla 381).

Jesús declaró antes de su ascensión reiteró a sus apóstoles este misterio: "Yo he recibido todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, (Mc 16, 14-18; Jn 20, 19-23; Hch 1, 8) bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y yo estoy con ustedes hasta el fin del mundo" (Mt 28,18-20).

El Espíritu Santo coopera con el Padre y el Hijo desde el comienzo de la historia de la salvación hasta su consumación, pero es en los últimos tiempos, inaugurados con la Encarnación del Hijo en las entrañas de la Virgen María, (Lc 1,26-38) cuando el Espíritu se revela y nos es dado, cuando es reconocido y acogido como persona. El Hijo nos lo presenta y se refiere a Él no como una potencia impersonal, sino como una Persona diferente, con un obrar propio y un carácter personal. Como el Hijo es la sabiduría del Padre, así el Espíritu es el entendimiento del Hijo y del Padre; por el Don del Espíritu entendemos el misterio del Hijo y por el Hijo entendemos el misterio de Dios Padre.

Cristo prometió que este Espíritu de Verdad va a venir y morar entre de nosotros. "Yo rogaré al Padre y les dará otro Intercesor que permanecerá siempre con ustedes. Este es el Espíritu de Verdad que el mundo no puede recibir porque no lo ve ni lo conoce. Pero ustedes saben que él permanece con ustedes, y estará en ustedes" (Jn 14, 15-17). El Espíritu Santo vino el día de Pentecostés (Hch 2,2-12) y nunca se ausentará. Cincuenta días después de la Pascua, el Domingo de Pentecostés, los Apóstoles fueron transformados de hombres débiles y tímidos en valientes proclamadores de la fe; los necesitaba Cristo para difundir su Evangelio por el mundo. “En adelante, el Paráclito, el intérprete que el Padre enviará en mi Nombre, les enseñará todo y les recordará lo que les he dicho” (Jn 14,26). De modo que, el Espíritu Santo está presente de modo especial en la Iglesia. Ayuda a su iglesia a que continúe la obra de Cristo en el mundo. Su presencia da gracia (fuerza) a los fieles para unirse más a Dios y entre sí en amor sincero, cumpliendo sus deberes con Dios y los demás.

El Espíritu Santo guía al Magisterio (infalible en fe y costumbre/enseñar las verdades sin error) de la Iglesia que lo conforma Papa Francisco, a los obispos y a los presbíteros de la Iglesia en su tarea de enseñar el Evangelio y la doctrina cristiana (Jn 8,31-32), dirigir almas y dar al pueblo la gracia de Dios por medio de los Sacramentos. Orienta toda la obra de Cristo en la Iglesia: solicitud por los enfermos, enseñar a los niños, preparación de la juventud, consolar a los afligidos, socorrer a los necesitados